La narrativa como espejo social

por el 03/03/17 at 7:23 pm

Desde los orígenes de la narrativa podemos encontrar en este arte literario expresiones de los problemas y conflictos sociales sobre los que se han escrito obras memorables como las reconocidas  Don Quijote de la Mancha, La guerra y la paz, Los miserables, Cien años de Soledad, La mañosa, Enriquillo y muchas otras representativas.

Tales manifestaciones las hallamos en novelas inspiradas en la realidad dominicana,  como es el caso de La  maravillosa breve vida de Oscar Wao, con la cual Junot Díaz ganó en el 2008 el  Premio Pulitzer, prestigioso galardón otorgado al periodismo y a la  narrativa en Estados Unidos.

Junot cuenta una complicada historia sobre una familia inmigrante, con profundas raíces en la República Dominicana, desde la dictadura de Trujillo. Así conocemos las amarguras de un  latino residente en Nueva Jersey, obeso y desastroso que vive con su madre y su hermana en un gueto. Oscar quiere convertirse en un J.R.R. Tolkien dominicano y encontrar el amor de su vida. Pero tiene problemas para alcanzar esas metas, debido a una extraña maldición presente en su familia por generaciones.

En esencia la narración de Junot, escrita originalmente en inglés,  ha sido considerada por la crítica como una producción notable  que reúne con pericia humor, oralidad y talento.

No obstante, la dureza temática y el tono  corrosivo de la obra provocan el rechazo de ciertos lectores, que no gustan de este tipo de narrativa.

Capotillo en  la ficción

Otro autor que proyecta el contexto social en sus obras es Luis R. Santos, dominicano, residente en nuestro país. Una de sus novelas más conocidas tiene como escenario Capotillo, barriada en la que se expresan muchos conflictos.

Princesa de Capotillo, publicada por editorial Norma,  impacta por la fuerza de su historia,  la crudeza con la que el narrador expone las acciones de pandilleros y la violencia causante de dramas y tragedias.

Yojaira, uno de los  personajes centrales,   es  la gran víctima, y  no puede ser princesa ni en Capotillo ni en ningún otro lugar.  Es una infortunada muchacha que quiere salir del barrio y darle a su existencia un destino mejor, pero no puede porque un pandillero, obsesionado con ella, estropea  su boda y termina con su vida.

Para “armar” la historia y dar vitalidad a personajes marcados por el pandillerismo brutal, la drogadicción, la irresponsabilidad social y la intolerancia, el autor usó  técnicas de la investigación periodística.

Por eso, en algunos momentos parece que leemos un estremecedor reportaje sobre la perturbadora realidad de los barrios desangrados por la delincuencia y  la corrupción policial,  y aherrojados por el miedo de la gente a  morir a manos de los tígueres o de agentes de la “uniformada”.

Se manifiestan en  esta obra la cultura barrial, el habla altisonante de los pandilleros y los prejuicios que separan clases sociales y jerarquías.

La dictadura ante la mirada infantil

Ángela Hernández, Premio Nacional de Literatura 2016, tiene en su reconocida producción una novela notable. Me refiero a Mudanza de los sentidos,  de hermosas resonancias, con la que  obtuvo el primer Premio de Novela Corta, otorgado por Editora Cole en 2001.

La historia es narrada por Leona,  niña de nueve años,   miembro de una familia muy pobre, del Cibao. Por ella conocemos particulares percepciones sobre el entorno y las preocupantes señales acerca de los riesgos políticos que acechaban a quienes se oponían a Trujillo. El dictador es una especie de fantasma en la obra, cuya alusión desencadena terror como sucedía en la realidad.

El relato de Hernández se hila a través de la voz narradora, con su limitado ángulo, el de una menor campesina, con mucha capacidad de observación y agudeza, de expresión fluida, que sin embargo no puede entender los conflictos políticos ni todas las actuaciones de los adultos.

La narración  se hace a veces poética  y en otras ocasiones aparece salpicada por dominicanos y “malas palabras” o expresiones picantes que pueden causar sonrojos.

Esta novela nos propone la exploración  de  un mundo de carencias materiales, injusticias sociales y  represiones políticas,  enmarcado en la satrapía trujillista, uno de los más oscuros períodos de la historia dominicana.

Cuentos y conflictos sociales

La poeta,  narradora y ensayista Jeannette Miller, Premio Nacional de Literatura 2011,  posee una apreciable obra narrativa, en la que aborda conflictos sociales de nuestra contemporaneidad.

Por ejemplo, en su colección de cuentos A mí no me gustan los boleros,  divulgada por Santillana, la autora emplea  con gran destreza  e ingenio  ingredientes de  la realidad vernácula.

En  La vida es otra cosa,  la primera novela publicada por Miller,  ella erigió  un universo en el que se mezclan lo imaginario y lo real. Con la fluidez propia de su singular estilo, la escritora nos sumerge en los complejos mundos que habitan sus variopintos personajes.

Como podemos percibir, las narraciones enfocadas son proyecciones literarias de las lacerantes realidades socio-económicas, culturales y políticas nuestras, transmutadas en el feraz campo de la creación, donde consiguen conmover y trascender.

mpereyra@diariolibre.com

Una respuestas to “La narrativa como espejo social”

  1. antonio roca

    Abr 21st, 2017

    Me gusto mucho su articulo y un par de obras que menciona prometo leerlas. Junot Diaz ni es ni se siente Dominicano aunque haya escrito sobre lo nuestro y debe ser obviado. Penosamente y dada nuestro aberrante incultura, nunca fuimos un pueblo lector y ahora con las pantallitas que piensan por nosotros, lo seremos menos.

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