Del concón al cocorícamo

por el 02/05/17 at 12:22 pm

Si bien es cierto que  22 años de dominación haitiana no socavaron el patrimonio lingüístico dominicano, a pesar de que el gobierno de Jean Pierre Boyer  intentó imponer el  francés en la parte Este de la isla Santo Domingo, ese largo y conflictivo  periodo de nuestra historia ha dejado una profunda huella en el español dominicano que aflora en las conversaciones cotidianas y en la escritura.

Son numerosas las voces  que dejó la obligada  convivencia con los extranjeros, desde 1822 al 1844,  crucial etapa que finalizó con la proclamación de la Independencia Nacional.

El tema ha sido enfocado  en números textos sobre la temática cultural. En “Lengua y folklor de Santo Domingo”, el fenecido historiador Emilio Rodríguez Demorizi difunde “Vicisitudes de la lengua española en Santo Domingo”,  su discurso de ingreso a la Academia Dominicana de la Lengua, en 1943, en el que evalúa  las medidas impuestas por Boyer para  imponer el uso del francés en la parte oriental de la isla, compartida por Haití y  República Dominicana.

“En los largos años de la dominación, la lengua extraña fue insinuándose, cada día más, en todos los aspectos de la vida dominicana, no obstante el permanente escrúpulo de la generalidad, débil al fin ante el ineludible imperio de la necesidad y de la fuerza. En los escasos actos culturales de entonces alternaban el francés y el español, se escribía y se hablaba en ambas lenguas, pero en la intimidad de los hogares, en la porción del pueblo apartada del frecuente contacto con los dominadores, y fuera de las zonas urbanas, principalmente, no se conocía ni se usaba otra lengua que la española, que pudo así conservar su prístina pureza”, expresa Rodríguez Demorizi.

No obstante,  la reticencia de la población criolla de la época ante la imposición del francés,  numerosas palabras provenientes de esa lengua  y del creole han pasado de generación en generación y son usadas por la población contemporánea.

Concón es una de esas voces,  muy presente en la mesa criolla, pues se refiere a la raspadura de arroz blanco, demandada hasta en ciertos restaurantes, pues pocos criollos quieren comer un plato de  “la bandera” sin el acompañamiento de la lustrosa porción del cereal, que muchos suelen rociar con crema de habichuelas guisadas.

Entre los muchísimos  “préstamos”   de los haitianos podemos mencionar los  vocablos coconette o conconete , peti-púa, peti -salé, mangú, chacá y el delicioso chenchén sanjuanero.

La estela lingüística de la estirpe de origen africano la encontramos también en la palabra  cocorícamo, que alude a lo extraño o confuso, y que según el “Diccionario del español dominicano” además se refiere al personaje propio del carnaval vestido con traje hecho de trapo.

La locución verbal “tener cocorícamo” nos remite a  oculto y si  se le atribuye a una  persona implica que esta es difícil.

“Eso tiene cocorícamo” es una expresión que inmediatamente dispara las alarmas. Y no cabe dudas de que en nuestro país muchas situaciones y personas tienen  bastante cocorícamo.

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