La memoria en la creación literaria

por el 10/05/17 at 9:53 am

En el campo literario, una de las materias primas esenciales para crear  es la memoria y sus sucedáneos. También son importantes el olvido y  la desmemoria,  pues nos permiten  cocer con la imaginación nuevos relatos en la trastienda de la escritura.

Estas no son  disquisiciones literarias, como podría alguien pensar. Tratamos un  tema básico en la creación literaria, en la escritura de la  historia o en el ejercicio del periodismo.

Cuando escribimos,  no importa qué,  acopiamos fragmentos de la memoria, hurgamos en lo que fue, miramos hacia atrás en un ejercicio muchas veces inconsciente o lleno de intenciones, si estamos haciendo investigación histórica o periodismo, por ejemplo.

Siempre, siempre  partimos de la memoria a la hora de escribir literatura. Aun sea de esa que guarda el recuerdo de lo que ha acontecido recientemente o de lo que ha quedado registrado en libros escritos hace décadas o siglos, como “Cien años de soledad”, “El Quijote de la Mancha”, “Los diez días que estremecieron al mundo”, la “Biblia” y otros textos.

El periodismo se alimenta, fundamentalmente,  de lo que está pasando ahora, de lo que  ha sucedido hace unos minutos, de lo que aconteció  ayer o acaeció en años anteriores y no ha sido publicado del modo que tendríamos que hacerlo ahora. Eso sí debe parecer y tentar a la gente a leer la noticia para conocer lo “nuevo”.

En el caso de la literatura la memoria remota y la memoria  reciente  nos permiten escribir  dramas, relatos, poemas, ensayos y reflexiones, a partir de los recuerdos propios y de los colectivos.

En ocasiones partimos  solo de trozos del pasado, o de lo intuido sobre lo que sucedió o de lo que puso ser.  En estos casos, la imaginación, sin la cual no pueden existir la ficción ni el arte literario,  suple la falta de “datos ciertos”, llena espacios vacíos, revive emociones y pincela  claroscuros.

Sin memoria, no hay escritura.  Y la escritura ayuda a preservar la memoria, aporta datos y construye versiones de lo que ha sido.

El notable escritor catalán Juan Marsé habló de la riqueza de  memoria en su discurso de aceptación del premio Cervantes en el 2008. En su sugerente disertación, el autor de “Últimas tardes con Teresa” argumenta que para un escritor imaginación y memoria “son dos palabras que van siempre entrelazadas, y a menudo resulta difícil separarlas”.

“Ciertamente, agrega,  un escritor no es nada sin imaginación, pero tampoco sin memoria, sea ésta personal o colectiva, esté proyectada en la novela histórica de fecha más remota, o en la literatura de ficción científica más futurista y fantástica. No hay literatura sin memoria. Incluso la memoria trapacera puede hacer buena literatura”.

A menudo se nos dice que hay que olvidar el pasado, pero aunque hagamos el ejercicio de borrar lo que hemos vivido, lo que  tanto nos dolió o lastimó, su evocación, consciente o inconsciente, puede sobrevenir a  nuestras vidas en cualquier momento por diversos afluentes.

Con frecuencia  abrevamos en el pasado deliberadamente porque decidimos leer un libro sobre determinado fenómeno o acontecimiento histórico o porque vemos una película de época o porque nos ponemos a escuchar  canciones  nostálgicas. Otras veces los restos del pasado sobrevienen de golpe a través de una mirada, una voz,  un soplo de perfume o de una imagen relampagueante.

Cada calle que recorremos, cada país visitado, cada persona que saludamos lleva  la impronta de su pasado y presente, esas huellas que podemos transmutar en material de escritura siempre que nos hayan “tocado” la sensibilidad.

mpereyra@diariolibre.com 

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