“Contando quiero decirte” o el buen momento de la cuentística dominicana

por el 05/06/17 at 10:43 am

En la recién pasada puesta en circulación del libro  “Contando quiero decirte”, la antología que reúne cuentos de varios autores, incluyendo algunos míos, el escritor  Nan Chevalier, quien presentó el libro, expresó que la publicación  refleja el buen momento por el que atraviesa la cuentística dominicana.

“Si los cinco escritores (Rafael García Romero, Rafael Peralta Romero, Emilia Pereyra, Luis R. Santos, Avelino Stanley) que conforman esta antología fueran el róster o alineación de un equipo de béisbol, podríamos dormir tranquilos porque el campeonato estaría asegurado”, agregó.

Acerca de  Rafael García Romero (el primer narrador que aparece en la antología), Chevalier  escribió: “Posee la habilidad de contar realidades paralelas que al final confluyen en una definitiva: en el cuento “Carga fúnebre” narra, por un lado, los eventos “reales” y, por otro, el significado sicológico o la interpretación que los hechos adquieren en los personajes. Ajeno a la cruel realidad que le rodea (la muerte de su madre) el personaje central, el niño cuyo nombre es pequeño Larú, se deleita con el significado de la palabra morir. No posee conciencia de la muerte; solo le fascina el sonido de la palabra.

A juicio de Chevalier una  constante diferenciadora de los cuentos de García Romero es la reflexión continua de narradores y personajes sobre el uso del idioma, como se puede apreciar en el siguiente fragmento: “El otro que hay en él y que habita su cuerpecito, surge a la hora de establecer un diálogo, sobre todo, por la forma de escoger las palabras para exponer sin rodeos sus particulares puntos de vista”. (p. 18)/ “Había conocido la fuente que unía la realidad con la fantasía y por primera vez, en sus pocos años de vida, sonrió satisfecho” (p. 21).

Precisa que ese tipo de reflexión reaparece en El bocal de seis flores” cuando el narrador reflexiona: “Ah, cómo reinan las palabras no en los hechos, sino por encima de la razón y de los hombres, por encima del poder y la obcecación” (p. 25).

 Expresa que el cuento narra la decadencia humana, el deterioro irremediable del cuerpo y la psiquis por el efecto demoledor del tiempo; también, las imposiciones del destino sobre los afectos. Pero además da fe de un hombre que habita en el mundo de las palabras, en las frases de los libros leídos. Como en otros cuentos de García Romero, la historia se reconstruye a través de un “recuerdo mutilado” (p. 30); vale decir, de la reinvención de los acontecimientos a través de una dudosa memoria y de los sueños. Solo que en esta ocasión los sueños constituyen una presencia opresora, a tal punto que hay un sueño dentro del cuento. Por su lógica alucinada, el sueño permite conectar poéticamente la locura con la lucidez.

Indica  es necesario señalar que algunas narraciones de García Romero tienen una visión negativa sobre el tiempo, lo cual se percibe en el cuento “Quiero tanto a Miki” cuando el escritor dice: “El tiempo no hace magia; y menos con la edad del abuelo” (p. 39). Esta es otra historia que se destaca por la orfebrería lingüística,  por la colocación con destreza de cada vocablo y por el juego con los tiempos verbales. Sus historias acontecen, repito, en varios planos narrativos, incluyendo el sicológico, lo que exige del lector una atención extra para que no se extravíe en la búsqueda de la verdadera historia, la que interesa al fin y al cabo en sus cuentos, la otra historia. Las referencias literarias son notables en “Quiero tanto a Miki”, desde Poe y Borges hasta Cervantes y Shakespeare.

Algo similar ocurre enLuna de miel”, cuento que incluye canciones populares, como las de Paloma San Basilio, Juan Luis Guerra y Luis Miguel. Se trata de un cuento impresionante debido a los elementos poéticos presentes, como cuando dice: “En principio no le dio importancia al cúmulo de nubes atravesadas por puñales de sol en el cielo” (p. 45).  Volvemos a encontrarnos con los rasgos diferenciadores de la cuentística de Rafael García Romero: mezcla de tiempos verbales, la conciencia lingüística y la superposición de planos narrativos matizados por la complejidad sicológica de los personajes, puntualiza el presentador.

Narraciones de  Peralta Romero

El segundo cuentista incluido en la antología es Rafael Peralta Romero, expresa Chevalier. En “Diablo azul” nos muestra una de sus facetas narrativas: la de los temas históricos ligados a la vida rural dominicana. En este caso específico, el cuento narra la historia de un hombre, José Blanco, quien nace producto de una violación durante la intervención norteamericana de 1916. Parte de la anécdota es contada por el mismo protagonista quien, más adelante, “entrega” la narración a Julio Natera, personaje entrañable, un verdadero hablador o contador de cuentos que posee la gracia del campesino dominicano. El uso continuo de arcaísmos y dominicanismos distinguen a “Diablo Azul”, estampa valiosa de ese acontecimiento histórico que modificó la vida cotidiana en la República Dominicana previa a la llegada al poder de Rafael Leónidas Trujillo.

Señala que otro aspecto notable  en ese cuento es el humor, presente también en los demás cuentos de Peralta Romero, especialmente en “La maldición”, en el que un restaurante casi quiebra debido a la presencia necia de las moscas. “Pero más que un efecto grotesco, las moscas producen en el texto un ambiente familiar, a pesar de sus malas costumbres de frecuentar vasos, sopa, bocas abiertas. El propietario del lugar se ve forzado a buscar las más insólitas estrategias para salvar su propiedad, incluyendo unos cálculos matemáticos precisos; leamos: “Se ausentó la mayoría de personas, ya despachadas, y cuando quedaban algunas quince las cuarenta y cuatro moscas se repartieron de modo que a cada parroquiano correspondió un promedio de 2.93 de ellas. (p. 68) Por supuesto, el índice de moscas todavía era muy elevado; la señora del propietario del restaurante luchó para bajar el promedio a “0. 5 mosca por persona en cualquier circunstancia” (p. 69).

En “Paciente impaciente” destaca nuevamente el humor. Se trata de un texto breve acerca de la paradoja de ser un paciente impaciente, literalmente, precisa.

Para Chevalier  el cuarto cuento de Peralta Romero, “La palabra más importante”, aborda esa otra faceta en la que el escritor ha descollado: la literatura infanto-juvenil. El texto posee la virtud de la literatura didáctica; con la gracia y la sencillez léxica y sintáctica apropiadas para los jóvenes lectores, la historia transcurre con un debate entre las categorías gramaticales: cada una de ellas intenta imponer su criterio acerca de lo imprescindibles que son en la construcción del pensamiento.

Cuentos de Emilia  Pereyra

Las dos primeras oraciones del cuento “Zapatos de espuma”, de Emilia Pereyra (la tercera narradora de la antología) establecen parte de su estrategia escritural, marcada por la inclusión de una realidad atravesada por los sueños y por el uso apropiado de la doble adjetivación; leamos: “Empezaba a penetrar al remanso del sueño cuando desperté abrumada, en medio de la densa oscuridad. El reloj, lumínico y sonoro, me anunció que eran las dos de la madrugada” (p. 79), señala Chevalier.

El literato expresa que la  estrategia se completa con un tercer elemento: la alteración sintáctica: “Quietud era cuanto albergaba mi alma; tranquilidad y calma, mi habitación”. (p. 79).  Agrega: “Por supuesto, el lector sabe que tales recursos expresivos no aportarían mucho si no fuera porque la autora logra construir un universo mágico con ellos, un orbe que fluctúa entre la realidad y la alucinación. Y es el lector, precisamente, quien tendrá que desentrañar el significado del sueño que sirve de pretexto a este cuento y, más aún, sólo el lector pondrá el punto final, porque su desenlace queda abierto a la imaginación”.

Y agrega:El ambiente rural prevalece en ‘Hecho consumado’, narración que nos retrotrae a una realidad frecuente en un pasado dominicano no muy remoto: las jóvenes embarazadas antes del matrimonio eran confinadas a un infierno viviente. De nuevo la autora se vale de los sueños para crear por momentos escenas de alucinada poesía. Y continúa con su escritura clara,precisa, con oportunas alteraciones sintácticas que nos hacen recordar que, más allá de la anécdota narrada, hay un compromiso con la lengua, una clara intención e trascender la anécdota”.

Chevalier centra la atención en otro cuento de Pereyra, autora de varias novelas y del libro de cuentos “El inapelable designio de Dios”,  y dice: “Narrado en segunda persona del singular, ‘Corazón de viento’ nos conduce por el sendero de las pasiones humanas incontrolables. Si alguien ha tenido un amante, un imposible, aceptará mejor estas palabras que acabo de escribir. Hay quienes dicen que el amor es un pacto tácito entre dos desdichados que deciden alabarse mutuamente, y que es, además, un delicioso desastre.[1] “Corazón al viento”, es el cuento ideal para confirmarlo. Es un texto trágicamente hermoso acerca de una relación amorosa imposible, sesgada por los compromisos familiares de la amante. Cuento conmovedor entre los de Emilia Pereyra; resulta difícil no reaccionar con dolor al acercarnos al desenlace de la historia.

“Noche de miradas grises”, escribe Chevalier, también es un cuento conmovedor; en él, Emilia Pereyra nos guía en un viaje al pasado de la vida pueblerina, y lo hace a través de la visión de un personaje juvenil, dueño de la ingenuidad que se posee cuando se es muy joven y no se tiene noticia del verdadero significado de la muerte. El final, como suele ocurrir en la narrativa de esta escritora, siempre tendrá que colocarlo el lector.

Cuentos de Luis R. Santos

La adjetivación precisa, transparente, distingue “El otro círculo”, cuento de oscura trama y final sorpresivo, rasgo este último distintivo de la cuentística de Luis R. Santos, el cuarto narrador incluido en la antología “Contando quiero decirte”, dice Chevalier

Agrega que  en “El otro círculo” la muerte es una presencia opresora, circunda al personaje central como un ave de rapiña. “La noche del 24 de diciembre, fecha de gran significado en la tradición cristiana, sirve de trasfondo para la puesta en escena de lo siniestro; leamos: “La claridad de las luces de los relámpagos inundaba por instantes el recinto oscurecido; era una luz inusual, como cargada de presagios” (p. 105).  El narrador sitúa los eventos en la ciudad de Santo Domingo, el final tiene lugar a medianoche en la avenida Duarte, cuando el personaje principal se encuentra frente a frente con el horror”.

“Tienes que matar al perro” es un cuento maravilloso, enfatiza Chevalier. “La amistad entre el protagonista y su mascota, un incondicional perro, cobra matices dramáticos en el texto. Se trata de un cuento cargado de un humor lacerante, humor negro, que pone en evidencia el desamor del matrimonio y el apego del personaje principal a su cachorro, como un mecanismo de defensa contra la infelicidad conyugal”.

Luis R. Santos

Sostiene que de nuevo Luis R. Santos acude a la adjetivación precisa para crear la atmósfera anhelada, llena de imágenes poéticas que adornan las escenas sin que por ello se altere el curso galopante de la narración, como cuando el narrador dice: “El hombre se sentó debajo de un poste de luz con una bombilla que irradiaba una luz aguada, casi fantasmal” (p. 112) o cuando observa que “En la distancia, las luces de unos faroles cercenaban la oscuridad”. (p.113).

Enseguida analiza “Una extraña asesina”, cuento en el que  Luis R. Santos “nos deslumbra con un personaje femenino que puede ser tan admirado como odiado. Y en esa disyuntiva recae la virtud del cuento, más allá de los aciertos narrativos del autor. El odio contra la humanidad, la apatía y afecto plano del personaje ante los eventos del mundo, en una palabra, el instinto de muerte (que consiste en el placer ante el dolor ajeno), caracterizan a esta mujer hasta el punto en que el lector se preguntará, ¡Dime, ¿de dónde la sacaron, quién la financia? ¡Dime!”.

Sostiene que  el personaje femenino que narra, en primera persona partícipe, el cuento “Mi gran abuelo” nos introduce, sin prólogo, en la visión cruda de la realidad típica de la cuentística de Luis R. Santos. El cuento nos presenta el racismo extremo de una parte de la sociedad dominicana, matizada por la herencia cultural de la tiranía trujillista.

Cuentos de Avelino Stanley

Chevalier afirma que  el cuento “La máscara del tiempo”, de Avelino Stanley, es una metáfora sobre la hipocresía y el cinismo  humanos asociados al poder político.

“El primer párrafo contiene, condensada, la totalidad de la historia: “Todos los que presenciaron el discurso del presidente pudieron ver cuando se le reventó el rostro. Fue como si una fuerza misteriosa hiciera estallar un espejo, así, de repente.” (p. 135) Más allá de la anécdota en que el anciano mandatario se desplaza rodeado por el círculo de abyección, sobresale en este cuento el efecto metonímico de ciertas construcciones sintácticas, como cuando el narrador nos dice que uno de los reporteros que cubrían el acto presidencial “le recogía las palabras con varios micrófonos” (p. 135) y que los miembros de la escolta presidencial “lanzaban el filo de sus miradas sobre el más leve movimiento.” (p. 135).  La atmósfera toda es alucinante, con imágenes ideales para una adaptación cinematográfica, porque a este presidente la ranura en el rostro le hacía lucir como “una pared con una grieta”,  (p. 135)”, indica.

Explica que   en     “Danza de las llamaradas”, por su parte,  se narra “una historia conmovedora sobre las costumbres de los cocolos y haitianos en la zona este de la República Dominicana, específicamente los de Macorís del Mar. A través del personaje central, Papito Dendé, el lector asiste a la puesta en escena de toda la tragicidad que circunda la vida de los braceros de la caña de azúcar”.

Avelino Stantey

Dice que el gagá, la sensualidad de las negras mujeres danzantes, las supersticiones multiculturales están presentes en este cuento, en el que la realidad se entrecruza con la ficción, creando una nueva realidad mágica. Para erigir ese mundo mágico con base en la realidad, el narrador otorga poderes divinos a la naturaleza, la misma que determina el destino de los hombres: “El incendio ahuyenta hasta a los espíritus que los cortadores de caña tenían escondidos en el cañaveral. Las llamaradas están danzando sobre el ancho manto de la oscuridad y saltan entre los ojos del hombre que está enfrente”. (p, 139)/ “Las hojas de la caña, en ardientes pasos hacia la ceniza, saltan rebelándose inútilmente ante las escupidas de aire caliente”. (p. 139).

Y añade: “Para Avelino Stanley, la existencia de los seres humanos tiene una dimensión que trasciende la cotidianidad; por eso: “Papito Dendé es ya el símbolo de la vejez por todas partes. Los años vencieron; se siente hasta en el abandono que nunca tuvo. Se acerca el momento que todos temen” (p. 140) Ese instante que todos tememos, la muerte, será superada por las creencias de unos personajes que sienten que solo están de paso por la vida, y ese paso se evidencia en la evolución de los elementos de la naturaleza: “La ceniza es la transformación del todo hacia la nada después de su espantoso paso por el fuego. Por eso nadie ve el mismo fuego dos veces”. (p. 149) El narrador recompone y dinamiza la acción con oraciones cortas al inicio de los párrafos”.

 “La carretera” narra el fracaso de un prospecto de béisbol debido a que no lo pueden firmar porque no posee documentos legales. Se pone de manifiesto el drama sufrido por muchos dominicanos de origen haitiano que han atravesado por esa situación. Una vez más Avelino Stanley utiliza el escenario del batey, con su miseria económica y la grandeza humana”. argumenta Chevalier.

En el plano formal, sobresale la hipérbole, como cuando el narrador dice que el prospecto “Corre como si fuera tras la velocidad de la luz” y que “El bate en sus manos le pega con fuerza hasta a las señales del lanzador” (p 155).

 Finalmente, en “Nudos” Stanley enfoca la exclusión social y el papel que juegan las religiones y el poder político en ella. Siempre metafórico, con excelentes desplazamientos semánticos y personificaciones, Avelino Stanley erige un mundo que fluctúa entre la cultura criolla y la que introduce en nuestro país el inmigrante; una literatura que oscila entre la miseria humana y los anhelos de una vida mejor.

Como se puede notar, la antología “Contando quiero” decirte pone en evidencia la excelente calidad de la narrativa dominicana actual. Es una cuentística de primer orden, que debemos defender y, sobre todo, promocionar dentro y fuera del país. Si los cinco escritores que la conforman fueran el róster de un equipo, el campeonato en lengua española estaría asegurado. Yo propondría a Marcio Veloz Maggiolo como mánager, a Ángela Hernández como capitana y a Pedro Antonio Valdez (cuyo único defecto es ser aguilucho) como bateador designado.

 

[1] Emil Ciorán, “Deseo y horror de la gloria” en La caída en el tiempo.

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