Erotismo y salero en los cuentos de Santiago Almada

por el 27/06/17 at 11:41 am

Santiago Almada, narrador y periodista argentino, publicó  el libro “Pongamos que hablo de mujeres”, una jugosa colección de narraciones en la que revela sus conocimientos sobre la compleja siquis femenina, sus destrezas en el manejo del español dominicano, su profundo conocimiento de la cultura local  y sus habilidades narrativas  para  contar con eficacia.

Los seis cuentos publicados en el chispeante volumen son narradores desde el punto de vista femenino, en español dominicano, lengua que Almada utiliza con  gracejo y fluidez,   pues no en vano lleva 17 años residiendo en República Dominicana, se ha insertado muy  bien en la sociedad y conoce nuestra cultura.

“El monstruo” es el primer cuento del  libro. En esta historia, que termina explorando el terreno de la pasión,   una estudiante evoca su infancia en Puerto Plata, cuando empezó a temerle al “monstruo”, que se ocultaba en una casa rodeada de misterios.

El cuento discurre, sin tropiezos,  por derroteros insospechados, narrado por la simpática  chica, deslumbrada por el profesor Montessi,  ligado a su lejano  pasado, pasadizo que la conduce al terreno amatorio.

Y así cuenta la sugestiva voz narradora: “Sus besos sobre mi pelvis desataron los nudos de mi fantasía y cuando por fin, después de una eternidad, estuve sobre su cuerpo, sentí que un antiguo sortilegio  me convertía en una presencia etérea, como si cabalgara sobre la espuma y saltara de improviso sobre esferas de viento, y su lengua en mis pezones tenía la fuerza de un relámpago que me encabritaba la sangre”.

En “Parecía un cadáver”,  el autor  trabaja bastante con la técnica del diálogo y la peculiar oralidad del español dominicano, para develarnos el drama de Griselda, detenida en el  cuartel del parque Mirador del Sur.

“Sudorosos y jadeando en secreto como si ejecutáramos la más adorable y clandestina de las ceremonias, nos amamos por segunda vez y tuve que apartarme  de él, permanecí acurrucada  para evitar la tentación de risa que me producía el contacto de su piel  con la mía hipersensibilizada por los dos orgasmos consecutivos”, narra una voz femenina en este relato, mezcla de drama y sensualidad.

En estos y en otros cuentos exploramos el estilo prístino de Almada, los argumentos propuestos y sus personajes sacados de la cotidianidad, de las escaseces y   calamidades de la vida, que tantas historias y dramatismos generan  y que han encontrado en este argentino “aplatanao”, risueño e incisivo,  un narrador  atento al gesto socarrón, a los  conflictos evidentes y  soterrados   y  a la expresión sufriente de nuestra singular gente caribeña.

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