Posverdades y mentiras

por el 16/07/17 at 6:25 pm

El neologismo Post-truth o posverdad se entronizó en el 2016 como palabra del año  y ha seguido utilizándose con intensidad en este 2017, vinculado a sucesos como la inusitada  victoria electoral de Donald Trump  o el Brexit, que está llevando a Gran Bretaña a separarse de la Unión Europea.

 Se trata de un término de significado ambiguo, al que le atribuyen denotar circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que las apelaciones a la emoción y a las creencias.  Esto quiere decir que la verdad poco importa y que lo fundamental  es lo que pensamos sobre ella. Parece un juego de palabras, pero no lo es. Realmente la  percepción sobre un hecho es más importante que lo sucedido.

Todavía  el Diccionario de la Real Academia Española no ha incorporado la palabra posverdad, de modo que hay que esperar por su definición. Pero se seguirá hablando de  su significado, que implica cavilar sobre manipulaciones, medias verdades, emociones y falsedades,  partes del juego de la actualidad,  agitada por la profusión de informaciones y opiniones de todo tipo.

Recientemente la presidenta de la Cámara de Diputados,  la peledeísta Lucía Medina, incluyó en unas declaraciones la palabra posverdad. En ese contexto  llamó a sus compañeros de partido a estar atentos al accionar político actual y al denominado fenómeno de “la conspiración blanda”,  a través de “supuestos” medios digitales.

Entonces agregaba: “Les estoy hablando del tiempo del abrazo transitorio, de la conspiración blanda, de ese fenómeno tan peligroso que la sociología moderna define como posverdad”. No obstante, no quedó claro el sentido cabal  de su discurso, tal vez por la escueta reseña que se le hizo.

La legisladora tocaba el tema cuando estaba en la cúspide el escándalo causado por el encarcelamiento de un grupo de  políticos,  funcionarios y exfuncionarios,  acusados de recibir sobornos de la empresa Odebrecht para que le asignaran obras públicas, tema que ineludiblemente pasa por el foco de la  posverdad, pues independiente de los hechos y de las imputaciones formuladas por el Ministerio Público la gente se ha formado su  propio  punto de vista al respecto.

Odebrecht y su amplia estela de corrupción no el  único caso dominicano que entra en la  escabrosa  posverdad. Habría que incluir al sátrapa Trujillo,  la honda impronta de Balaguer, “el padre de la democracia dominicana”,  y  los gobiernos de Salvador Jorge Blanco, Hipólito Mejía, Leonel Fernández y Danilo Medina,  enjuiciados  bajo esas  mixturas de evidencias, maniobras y  pasiones entre las que hay que incluir el odio, el fanatismo y el fervor.

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