¿Hablar bien o hablar mal? ¡El dilema!

por el 01/08/17 at 10:50 am

Por lo que escuchamos en la cotidianidad, en los medios de comunicación y en escenarios en los que se esperaría un uso correcto del lenguaje, ¡está de moda hablar mal!

Es decir, luce “moderno”  y  osado pronunciar mal, tragarse las eses y regodearse cometiendo, con plena conciencia, errores de pronunciación y usando palabras procaces.  Reina el tremendismo verbal, además de que sobresale el desmadre en otros campos.

Por supuesto, hay que contar a los que hablan mal porque no pueden hacerlo de otra forma. No han tenido la formación necesaria para expresarse mejor.   Son muchos los que han estudiado en colegios y escuelas e incluso se han graduado en universidades, pero carecen de  aprecio  por el buen decir y la correcta escritura.

Pocos dominicanos triunfarían  en un superficial examen sobre la forma en que se comunican. Si quiere haga un pequeño  ejercicio: solo oiga a los demás y escúchese. Con seguridad, se llevará una gran sorpresa,  porque las malas artes de la oralidad se contagian y es difícil librarse de ellas.

Se ha extendido la  creencia de que quien habla con corrección,  aprecia la cultura y se comporta con educación  es una persona aburrida, que no “está en la cosa” o se considera por encima de los demás.

Hace unos años  un niño,  quien entonces estudiaba en un colegio de clase media alta,  hablaba  perfectamente. Era un  ejemplo de buen uso del lenguaje, pues lo había aprendido sobre todo en  la casa, con padres educados y buenos lectores.

Sin embargo, repentinamente el chico empezó a emplear un lenguaje incorrecto y  destemplado.  Cuando la madre le preguntó por qué cambiaba su manera de hablar, él le respondió: “En el colegio, los muchachos se burlan de mí por mi forma de hablar”. Había ganado la presión social,  y el estudiante no recuperó la correcta dicción y uso adecuado del lenguaje. No será el único caso. Hay que tener una personalidad muy definida y los criterios claros para no dejarse arrastrar en esta materia por los  kamikazes del lenguaje.

mpereyra@diariolibre.com

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