El desgarramiento interior al servicio literario

por el 03/09/17 at 5:39 pm

“La escritura exige entregarse a ella sin fisuras, abrirse a toda forma posible de dolor, de gozo, a todas las emociones que es posible sentir. Hacerlo bien requiere coraje moral. Ninguna otra ocupación exige a quien la desempeña que entregue el ser, el alma, el corazón y la cabeza sin saber si al final habrá recompensa”.

No son mías esas palabras, lúcidas y categóricas,  que describen las honduras y los padecimientos derivados del darse con autenticidad  al ejercicio literario. Les pertenecen al prolífico y versátil  escritor estadounidense Paul Auster, que se psicoanaliza en una entrevista concedida recientemente al periódico El país a propósito de la publicación de su “4321”,  obra en la que usa elementos autobiográficos de su infancia

Sin embargo, esas certezas de Auster reflejan en gran medida  las mías sobre lo que significa el ejercicio literario, que requiere no solo explorar en nuestras vivencias y sentimientos y transmutar  en la escritura lo que llevamos dentro aun cuando solo escribamos narrativa y tengamos que armar  tramas, arquetipos, atmósferas y personajes;   aun cuando aparentemente escribamos sobre otros, pues de alguna manera estaremos escribiendo sobre nosotros mismos o tratando de ponernos en la piel de los demás, lo cual resulta también una práctica íntima y  exigente.

Ese  catártico ejercicio de desnudez interior y de exploración, vedado en casi todas las esferas de la realidad, no lo exigen el periodismo y  la historia, áreas sucedáneas que sin embargo tienen propósitos muy distintos a los perseguidos por  la literatura.

Es  sabido que a la literatura no le interesa el dato mondo, la hora exacta  ni el día justo. Tampoco  la descripción “objetiva”,  que busca el periodismo,  pero sí los claroscuros, las sinuosidades y las penumbras, las emociones y los deslumbramientos, la conmoción y el asombro. El arte, en fin, que se nutre de esos elementos y que hace del lenguaje su materia por excelencia.

Por eso  quien cultiva la poesía, la narrativa y el teatro y otros géneros literarios necesariamente bucea en sus abismos  y se adentra  en los ajenos. Imagina, vislumbra y padece. Abreva  en lumbres  y oscuridades, tanteando siempre,  tambaleándose en la punta del cuchillo y  corriendo el  riesgo de fallecer en la  intentona… Solo que  tales desafíos son aliento de vida.

 

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