Mi “Yo también”

por el 22/10/17 at 5:53 pm

A raíz de que se develara el impúdico caso de Harvey Weinstein, otrora poderoso productor de cine sobre cuyos hombros han caído riadas de acusaciones sobre acoso sexual, violación y otros tipos de abuso, se han denunciado en todo el mundo sucesos parecidos que han afectado a mujeres del espectáculo y de otras esferas laborales.

El tema es tan antiguo como la historia de los seres humanos, pero a pesar de la modernidad, de la apertura sexual y  la democratización de las relaciones sociales el acoso sexual continúa produciéndose en todos los continentes.

Sin dudas, el dilatado y pertinaz comportamiento de Weinstein, que dejó víctimas tan notables como las actrices Mira Sorvino, Rosanna Arquette,  Gwyneth Paltrow,  Angelina Jolie, Lupita Nyong’o y muchas otras, se benefició de una estela de silencios y complicidades.

El llamado de la actriz Alyssa Milano a las mujeres a denunciar casos de agresión sexual ha ocasionado que miles de afectadas divulguen,  a través de las redes sociales y los medios de comunicación,  situaciones ofensivas a que fueron sometidas por sus acosadores.

Muchas mujeres podemos revelar que en algún momento de nuestras vidas hemos sido acosadas sexualmente en el ámbito del trabajo y en otros ambientes por hombres que han ocupado posiciones de poder, desde las cuales han intentado obtener favores de subalternas o de quienes buscaban una oportunidad laboral.

¿Por qué las víctimas no nos referimos al tema cuando acabamos de vivir la experiencia y tenemos que esperar años para airear el trauma que nos laceró y que incluso pudo derrumbarnos para siempre e impedirnos alcanzar los objetivos profesionales trazados o metas de otro tipo?

Muchos podrían ser los porqués: la presunción de que nuestro relato no sería creído, la vergüenza de haber vivido el episodio, el temor de que pudiera pensarse que dimos motivos para que tal cosa sucediera o el miedo a que el victimario cobre venganza y nos cierre puertas, como muchas veces ha sucedido.

Los seres humanos tenemos la tendencia a guardar silencio sobre situaciones humillantes y traumas sufridos, como los relativos al acoso sexual, sin reparar en que la herida podría seguir abierta años después y que puede marcar nuestros derroteros y estimular a que los consuetudinarios acosadores sigan haciéndolo impunemente, como ocurrió con Weinstein y muchos otros.

Y a propósito de la campaña del “Yo también”, debo decir que a lo largo de mi existencia he padecido tres episodios de hostigamiento sexual: uno cuando me iniciaba en el periodismo, otro en pleno desarrollo profesional, y el último en el ambiente cultural. Las tres experiencias fueron muy amargas, pero la primera resultó ser la más traumática y difícil de superar, sobre todo por la etapa vital en que me encontraba.

mpereyra@diariolibre.com

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