Lecturas de antaño…

por el 05/11/17 at 4:48 pm

¿Qué se leía en siglos anteriores? ¿Qué estudiaban determinados alumnos en el siglo XVIII? ¿Cómo se educaban?  ¿En qué ambiente desarrollaban el intelecto?

Son preguntas que he ido haciéndome a lo largo de los años y que han ido poco a poco encontrando respuestas en diversos libros y publicaciones.

Y precisamente en la revista Clío (No. 192), órgano de la Academia Dominicana de la Historia, el ensayista José Luis Sáez Ramo reconstruye aspectos de la vida cotidiana en los colegios universitarios Santiago de la Paz y de  Gorjón en el siglo XVIII. Lo que más ha llamado mi atención de su reconstrucción histórica es la valiosa información que brinda acerca de los libros usados por los alumnos en el proceso de formación.

Dice el investigador que los estudiantes estaban expuestos a los autores originales y que “raras veces” tenían acceso a las traducciones a la lengua vernácula.

“Los autores usados en latín eran las piezas oratorias (Orationes) de Cicerón, los versos de Virgilio, excepto el libro VI de la Eneida, la Methamorphosis de Ovidio y la Poemata Omnia de Horacio”.

Según el investigador, en “otro nivel” se usaban en griego discursos selectos de Demóstenes, algunos opúsculos de Luciano, las vidas de Plutarco y ciertos dramas de Sófocles y Eurípides, como Edipo Rey (430 A.C.) del primero,  y Suplicantes (416 A.C.) del segundo.

El autor señala que sin duda los alumnos consultaban otros libros, y entre esos, que él mismo catalogó en 2011, y menciona el Catecismo Romano (Pamplona, Benito Coscoyuela, 1767); y la Primera Parte de la Suma de los Sacramentos, de Pedro de Ledesma.

“Mi fuente principal es, ante todo, el recuento original de visitador (Rafael) García, del horario seguido por los colegiales de la Universidad Santiago de la Paz, en junio de 1766, que se conserva en el Archivo Nacional (Bogotá)”, escribe.

También señala, entre sus fuentes, la obra, de George E. Gans, S.J., Saint Ignatius Idea of a University Press, 1957), y el libro de José del Rey Fajardo, La enseñanza de las humanidades en los colegios jesuíticos neogranadinos, 1604-1767.

También alude La segunda parte de la Suma de la Teología Moral y Canónica, de Enrique Villalobos, el conocido Flos Sanctorum, de Pedro de Ribadeneyra; el  Flos Sanctorum, de Juan Eusebio de Nieremberg, 1718, Joannis Avdoeni Epigrammatum, Londres, 1653) y De Imitatione Christi, atribuida a Thomas Hemerken o De Kempis o Jean-Charlier Gerson.

Tras describir el ambiente recoleto en que se educaban los discípulos, el historiador cuenta que como era tradicional en todos los colegios de la Compañía de Jesús una vez entraba el profesor, las clases empezaban con una oración espontánea de uno de los estudiantes o repitiendo la tradicional, que decía: “Te pedimos, Señor, que tu gracia inspire, sostenga y acompañe nuestras obras para que nuestro trabajo comience en Ti, como su fuente, y tienda a Ti, como a su fin. Por Cristo Nuestro Señor. Amén” (pág. 18).

mpereyra@diariolibre.com

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