Cuando los “serenos” cantaban las horas

por el 11/02/18 at 10:31 am

No son muchas  las  personas que en la actualidad  pueden imaginar que los “serenos”  de hoy son herencia de tiempos pasados y que formaban parte de la vida cotidiana de hace algunos siglos en la parte española de la isla de Santo Domingo.

Esos  hombres humildes que resguardan  propiedades  privadas y  amanecen casi siempre a la intemperie con un arma de fuego o un puñal al cinto,  mientras la ciudad duerme,  tuvieron sus antecesores en la época de la colonia española y alcanzaron gran autoridad en los gobiernos del  dictador  Ulises Heureaux, quien enfatizó sus  mandos para salvaguardar el orden ciudadano.

La existencia de esos personajes en el pasado nos la  recuerda el escritor Manuel de Jesús Troncoso de la Concha en su obra “Narraciones dominicanas”. Ahí cuenta que los “serenos”, heredados de España, vestían de “fuerte azul, sombrero de fieltro que llamaban panza de burro” y  llevaban por cubierta un cuero de vaca para protegerse de la lluvia y la humedad.

“Su aspecto, a la gente que no sabía que  eran los guardianes del orden, producía miedo”, agrega el autor, que además señala que los “serenos” se habían hecho célebres, “porque en la organización del cuerpo y sobre todo en las instrucciones con que se movían había muchos originales”.

Evoca que hubo un jefe de “serenos”, Basilio Méndez, muy mencionado por sus arbitrariedades y por su ladina inteligencia.

“Años después hubo otro que se significó más todavía: el comandante Zacarías Espinal. Este era un hombre arrogante, una bella figura de hombre, especialmente cuando llevaba uniforme. Un porte muy militar. De día, muy jovial, de noche muy hosco tan pronto sonaban las diez…”, expresa.

Informadores públicos

Cuenta Troncoso de la Concha que los “serenos”  tenían la confianza de la ciudad, pero que a veces se tomaban grandes licencias.

“Eran además relojes públicos, porque desde las diez de la noche hasta las cinco de la mañana cantaban las horas y las medias y le hacían saber a todo el que estaba en su cama si el cielo estaba sereno, si estaba  nublado, si llovía, si acababa de temblar la tierra, si había fuego y en qué parte. Decían eso cantando de un modo peculiar, por ejemplo: “La una ha dado, y sereno” o “la una en punto y nublado” o “la una y media y sereno, y fuego en San Miguel”.

Pese a que esos  personajes resultaban útiles también creaban problemas, pues en las esquinas en que ofrecían sus servicios “quedaban focos de infección” que obligaban a la gente a caminar a zancos, y según Troncoso de la Concha “aquello fue tan característico que cuando alguien se encontraba con un depósito semejante se lo atribuía a los serenos”, habiendo sido alguna otra persona.

Según el autor en la época de Ulisses Hereaux los “serenos”  inspiraban temor a quienes pretendían cometer desafueros, pues se les dio una gran autoridad para mantener el orden público.

Tiempos idos. Nada semejante  ocurre ahora  con los “serenos” del siglo XXI dominicano, que siguen dando servicios de seguridad privada en una sociedad muy compleja, que desbordó hace muchos años los límites de la antigua y amurallada ciudad de Santo Domingo,  actualmente  abatida como todo el país por una ola de delincuencia que no respeta siquiera a las autoridades policiales.

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