Manuel Salvador Gautier, el narrador hechizado

por el 22/02/18 at 3:26 pm

Tuve la dicha  de hacer la exaltación del escritor Manuel Salvador Gautier la noche del pasado 20 de febrero, cuando recibió el Premio Nacional de Literatura 2018 de parte de la Fundación Corripio y el Ministerio de Cultura.

Para la ocasión escribí lo siguiente:

Difícilmente se encuentre a un integrante de la comunidad literaria dominicana que no se sienta   regocijado con la elección de  Manuel Salvador Gautier como Premio Nacional de Literatura 2018, con el que se reconoce una trayectoria resplandeciente y una vocación fructífera.

Gautier y su  celebrada obra narrativa  son un caso excepcional en los anales de las letras dominicanas. Y una de las razones es que el autor  empezó su carrera literaria en la madurez, a una edad en la que muchas personas  se disponen a retirarse  de las actividades productivas y a disfrutar del merecido descanso.

Sin embargo, poseído de mucha energía y deseos de encarar desafíos en un  territorio nuevo y complejo, Gautier cerró una larga etapa  en la  que trabajó como arquitecto y docente, logrando respeto y reconocimiento,  y,  tras pasar esas páginas,  empezó  a concretar su  aspiración creadora.

Mientras su interés por la literatura  permanecía aparentemente aletargado,  el hombre vivía, con todo lo que esto implica,  acumulaba experiencias y hacía reflexiones que habrían de servirle en el futuro para modelar al escritor  deslumbrado con el oficio que esta noche  aplaudimos.

Resuelto a transitar el camino elegido, el narrador comenzó a escribir  su obra con gran disciplina, al punto de que en la actualidad cuenta con 16 títulos  publicados en algo más de  20 años, y muchos de ellos  han  sido reconocidos en concursos nacionales y extranjeros.

Su entrega al ideal de la creación, como medio de realización personal  y desarrollo intelectual, aporta a la sociedad un valioso ejemplo  y es para  la  comunidad literaria  aleccionadora,  ya que  contrario a lo que suele pensarse  se pueden obtener muchos beneficios en la tercera edad,  en el campo del pensamiento y la escritura, que requieren madurez y perseverancia.

Volviendo a sus inicios, debemos resaltar que la firmeza  con la que Gautier empezó sus andares en la literatura dio muy pronto grandes frutos. Al principio él  tocó  puertas, para buscar sugerencias de  los más acreditados autores y  tras el lanzamiento de su tetralogía “Tiempo para héroes”  fue reconocido con el Premio Anual de Novela 1993, galardón que lo situó como un autor que debía ser tomado en cuenta y le abrió  otras oportunidades y espacios a este campeón de los lauros, lo cual se confirma con creces esta noche.

Gautier ha sustentado su carrera   sobre densos pilares. Se  ha ocupado de profundizar en los estudios literarios y  en la lectura de grandes obras de autores nacionales y extranjeros. Además,  posee  una alta valoración de  la lengua española  y  la cultura nacional.

A sabiendas de  que todo escritor es un memorioso, ya sea del pretérito, de lo que sucedió hace poco o de  lo que se vive ahora, Gautier  fijó su atención  en el pasado  y le aportó a la novelística  obras como la  ya mencionada tetralogía,  acerca de un tramo de la lucha contra el  régimen de Trujillo,  y ha seguido recurriendo a la  cantera de la historia,  para producir relatos, lo cual  lo ha llevado a hacerse de  una bibliografía sólida y profundamente  vinculada a  la nación y a la idiosincrasia dominicana, por lo que estamos ante un prosista que ha encontrado iluminación donde otros solo han visto rancios sucesos.

Respecto a “Tiempo para héroes”, Alcántara Almánzar expresó que “pocas veces se ha logrado plasmar en una novela dominicana  una imagen tan vívida y humana del déspota (Trujillo)  y su era”, lo que indica que nuestro autor  ha  recreado con pericia  una de las etapas más oscuras del devenir nacional.

En 1995 el escritor recibió  el Premio Anual de Novela por “Toda la vida”, que abarca un largo tramo del siglo recién pasado y  proyecta el drama de una generación que pese a su empeño  no alcanzó sus metas.

Años después, Gautier  volvió a inspirarse en un lapso prácticamente  inexplorado por la historiografía. Me refiero a la estancia en Europa del héroe Juan Pablo Duarte, que lo motivó a escribir  la novela “Dimensionando a Dios”,  Premio Feria del Libro Eduardo León Jimenes 2011, narración que esboza lo que pudo acontecer en la vida del prócer.

Dejándose cautivar por el pasado, Gautier  divulgó  la obra “Serenata”,  sobre  la poetisa Salomé Ureña y los Henríquez Ureña, relevante familia de intelectuales. De acuerdo al crítico literario  Bruno Rosario Candelier, director de la Academia Dominicana de la Lengua, en este texto Gautier  consigue una proeza narrativa, pues mediante el recurso epistolar conoce a un clan y a través de este ausculta a la sociedad y explora el corazón de una rama de gran importancia.

En  “Balance de tres”, con que logró el Premio de Novela de la Universidad Central del Este en el 2001, Gautier  halló el cauce para adentrarse en  la invasión norteamericana de 1916, y explorar, a través varios planos narrativos,  el lado íntimo de tres personajes de ficción, que terminan decepcionados ante el fracaso de sus utopías.

Con el hermoso título “Historias para un buen día”,  el  prolífico narrador  nos sumerge en la dinámica de otro grupo familiar del siglo XIX, que produce un vicepresidente de la República y destacados médicos e ingenieros. Acerca de  esta narración,  el poeta  Juan Freddy Armando escribió que el autor sumó a sus vivencias familiares, sociales y políticas, el conocimiento del alma y de su país.

“El asesino de las lluvias”, relatada en primera persona, es una de  las novelas en que Gautier ha centrado la atención en la contemporaneidad. También  en este texto, publicado en el 2008,   profundiza en la lucha entre la condición humana, que a su juicio envilece al ser,  y su anhelo de sobreponerse y alcanzar la trascendencia.

En esta narración, inspirada en el recuerdo de  Franklin Mieses Burgos,   que el destacado vate José Mármol ha llamado “la novela de la poesía”,  subyace el sentido cósmico, en vista de que el autor ausculta en las dimensiones metafísicas,  antropológicas y sicológicas, con refinada prosa. Esta ficción, de claro perfil interiorista, movimiento creado por Rosario Candelier, del que el autor es militante,  realza el don de la creatividad del ser humano.

Posteriormente, el imbatible Gautier volvió  a encontrar aliento en la modernidad  para bosquejar  “La fascinación de la rosa”, intensa novela en la que plantea la necesidad del hombre actual de sumergirse  en su interior y encontrar las verdades que le rodean. Es un  texto  lineal, de estructura sencilla y planteamientos  introspectivos, de corte interiorista.

En las novelas  “Tres cosas te ofrezco”  y  “El misterio de la corbata verde”, divulgadas posteriormente,  nueva vez nuestro narrador reveló, con el vigor propio de su pulso, que lo cautivan temáticas del tiempo que le ha tocado vivir y que  sabe moverse con destreza y construir tramas sobre el espionaje, las investigaciones policiales  y los bajos fondos.

En su  novela “La mala maña” Gautier volvió a explorar los recovecos de la historia y ofreció a sus lectores  un fresco literario de la época conocida como “La España Boba”, donde igualmente  se vale de la ficción para reflejar el drama de entonces.

A finales de diciembre de 2017, se dio a imprenta,  aunque todavía no circula,   “El pacto de los generales”,  obra en la que el autor regresa al  ayer dominicano para relatar entresijos de la Revolución de Moya, desde tres perspectivas que  colocan en relieve el aspecto humano de los protagonistas.

La  carrera literaria del  creador  fue  enaltecida en el 2007 cuando ingresó como miembro correspondiente a la Academia Dominicana de la Lengua, y disertó sobre la narrativa criolla  y las expresiones del idioma.

Con el hermosísimo título de “Un árbol para esconder mariposas”, publicó en el 2010  una novela  cuyos  protagonistas son un hombre y a una mujer de razas distintas, quienes experimentan confrontaciones raciales y sociales, con varios trasfondos como son las creencias mágico religiosas,  la matanza de Palma Sola y la vida de los inmigrantes en New York.

Esta obra  se inscribe en la posmodernidad y explora  problemáticas actuales que no solo atañen a  la nación  y a sus diásporas sino también a diversos países que enfrentan conflictos causados por los desplazamientos humanos  y los antagonismos étnicos y culturales.

Sin embargo,  no solo la narrativa ha interesado al versátil  autor. Además,   ha cultivado el  ensayo y merecido reconocimientos en este género, ya que con el título  “La fatalidad no está en un campanario de París” recibió en el 2002 el Premio Víctor Hugo en la  Historia y  posteriormente volvió a triunfar con el “Hechizo en las palabras”, al obtener el Premio Anual de Ensayo Pedro Henríquez Ureña 2015.

Antes, en  el 2010, este dominicano dio a la estampa  el libro  “Gautier visto por Gautier”, con lo que  ha hecho lo que no suele hacerse en el ámbito intelectual nuestro: autoanalizar la creación  personal y  examinar  motivaciones.

La obra, presentada por el narrador  Luis R. Santos,  recoge las palabras que el autor ha pronunciado sobre  sus libros, y en algunas de las cuales expone sus teorías sobre la escritura, su aproximación a la poesía y sus niveles de consciencia escriturales. Gautier publicó su libro más personal, y mostró,  según  Santos, sus vetas humorísticas y hasta narcisistas, dejando  ver  que es profundamente humano. Yo añado que Gautier  demostró además la seguridad que posee en sí mismo y en lo que sabe, su fuerza interior, su sensibilidad   y espíritu de superación.

Dominio de la lengua, amplia cultura, inagotable curiosidad,  fascinación por la escritura, certera intuición, disciplina monacal  y prudencia son cimientos en los que este hombre,  hechizado con el maravilloso oficio de contar historias,   ha hecho  una  importante  bibliografía  con la que hoy cosecha el más sustancial reconocimiento concedido en nuestro país a la trayectoria literaria.

Es Gautier un cultor de la fantasía que abreva en el pasado y en la actualidad. Sabe que lo fantaseado  puede incluso llegar a tener mayor peso que lo real, y por eso sus novelas,  inspiradas en episodios pretéritos y en hechos y fenómenos actuales,  han sido aderezadas con la imaginación y la exploración interior, infaltables en una buena trastienda  literaria.

Como todo escritor notable, él  posee la habilidad de tejer ilusiones y seducir lectores. Conoce el potencial simbólico de las imágenes y las aplica  armoniosamente en sus obras. Además,  sabe que no hay creación literaria  sin alma, sentimiento y razón.

Ha navegado victoriosamente en la memoria colectiva  y en sus recodos y a la vez  ha abierto las puertas a la actualidad y a la reminiscencia personal en varias de sus obras, dotándolas de intimismo, persuasión  y sensibilidad.

Sabe Gautier  que  remembranza y fantasía van unidas. Y como bien ha dicho Juan Marsé,   admirado autor  catalán,  al recibir el Premio Cervantes en el 2009, un escritor no es nada sin imaginación, pero tampoco sin memoria. Y no puede hacer nada significativo, sostengo yo, si no persigue la belleza expresiva, que se trabaja con conciencia y a pulso haciendo magia con la  reflexión y  el lenguaje, amando, puliendo y respetando las palabras… como lo hace paciente y gozosamente nuestro galardonado, modelo de caballerosidad, nobleza,  disciplina,  amor por las letras y reinvención existencial.

Queda, pues,  demostrado por qué Manuel Salvador  Gautier y su escritura son un caso excepcional en las letras criollas  y por qué el  Premio Nacional de Literatura 2018  ha sido concedido justicieramente a un grande que enaltece  a la República Dominicana y a su cultura, con quien tenemos el privilegio de compartir  espacio y tiempo.

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