Papá Liborio, personaje teatral

por el 15/04/18 at 3:13 pm

El periodista y dramaturgo dominicano Edgar Valenzuela ha dado a la estampa “La profecía de Liborio”, su obra de teatro de reciente y exitosa cosecha, con la cual se adentra en la exploración de Liborio Mateo, un personaje legendario de la cultura sureña de nuestra República Dominicana, convertido en ícono de la religiosidad popular y figura de la resistencia contra la intervención norteamericana del 1916.

Dados sus orígenes, no resulta extraño que el escritor sanjuanero, también autor de la obra “Barriga no grata”,  se haya sentido atraído y estimulado por el recuerdo de ese ser carismático, surgido de la pobreza del árido sur,  que logró trascendencia  como representante cimero del mesianismo vernáculo  del siglo pasado, cuyas actuaciones, su repercusión  social  y la forma en que murió, enfrentado a tropas extranjeras,  han  inspirado narraciones y  poemas  y han  sido objetos de análisis de ciertos cultores del ensayos sociológico.

Sin dudas, Liborio Mateo o Papá Liborio, como se le conocía a ese extraño  manejador de misterios, fue un hombre excepcional entre los  personajes que confrontaron a las  tropas norteamericanas que protagonizaron la primera intervención extranjera en suelo dominicano,  en las primeras décadas del siglo anterior.

El Liborio de esta pieza  teatral, reconocida con el tercer premio otorgado por Casa de Teatro en el 2016, pasa por la sagaz mirada y la rica  imaginación  de  Valenzuela, un creador de este tiempo, amante de la investigación histórica, impactado por las acciones   y la trágica suerte del célebre campesino, y sin dudas influenciado por lo que ocurre en esta época, lo cual se refleja definitivamente en este drama  que le ofrece al público sobre un espíritu redivivo en una estatua, que retorna inesperadamente para continuar la tarea de salvar al mundo en peligro inminente.

Tres personajes peculiares  coexisten  en la pieza de Valenzuela: Liborio, el enviado de Dios, como él mismo mesías se declaraba, Marola,  la desbocada peluquera, y el descreído e intrépido coronel Durán, piloto de la Fuerza Aérea, cuyas interacciones  dan lugar a jugosos diálogos cargados de  socarronería, que remiten al pasado y se enlazan con el presente.

Lo asombroso,  lo insólito y lo maravilloso se conjugan esta obra cimentada en la memoria histórica,  hilada con el habla coloquial de nuestra época y las reminiscencias del ayer, donde no faltan modernos recursos de comunicación ni reflejos de las nuevas tecnologías ni de los cambios sociales experimentados desde que Liborio fue ultimado en 1922.

El drama de Valenzuela  empieza con Marola aproximándose a la estatua de Liborio, para implorarle favores, y sorprendentemente la efigie cobra vida. Los  diálogos, aderezados con palabras y locuciones de la actualidad,  salpicados con  dobles sentido, van dado paso al encantamiento de parte del legendario  manejador de misterios, que originó un culto que trascendió su muerte.

El Liborio renacido es arrojado y  tiene sentido del humor. Además es dueño de un  lenguaje desenfadado y posee  plena conciencia de su misión, de un propósito coherente con el que lo animaba en la época en que era el desarrapado  líder espiritual que  causaba temor a los estamentos de poder, dados sus  vínculos con políticos nacionalistas, y entre los que no aceptaban su incuestionable  influencia en las masas irredentas congregadas en torno a su santuario, enclavado en San Juan de la Maguana.

Es evidente que nuestro autor ha erigido puentes entre el pretérito y el ahora, y que con ese recurso establece vías de comunicación con las nuevas generaciones que desconocen  a ese Liborio remoto, que conmocionó con su liderazgo mesiánico a las fuerzas de la primera ocupación estadounidense, iniciada en  1916, y preocupó antes a los gobiernos de Ramón Cáceres y  Eladio Victoria.

En esta obra, en la que subyace una crítica profunda  a la situación política y social de la actualidad y  a la forma de vida de nuestros días,   los  diálogos son una manifestación  del desenfado que permea las relaciones en distintos niveles de la sociedad.

Sin dudas, el autor consigue relacionar  épocas distintas  a través de frases  y locuciones del habla popular contemporánea y de los planteamientos temáticos de los personajes en una ágil dinámica discursiva, representada  en un escenario de fácil recreación.

Se trata, pues, de una obra teatral seductora, vibrante, que espera por un buen montaje, que de seguro cautivará a un público ávido de conmoverse, de pensar y de reír,  a partir de la exposición de historias originales, enraizadas en la cultura dominicana, como  “La profecía de Liborio”,   fruto del  talento creador de Edgar Valenzuela, un sureño  que una vez más demuestra su amor por  los bienes culturales de su tierra, que el modela, para  dimensionarlos,  con las técnicas de la dramaturgia.

Nota: estas palabras fueron leídas en el acto de puesta en circulación de la obra, realizado el  pasado 12 de abril en el Archivo General de la Nación.

mpereyra@diariolibre.com

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