Vivir la literatura

por el 24/04/18 at 3:24 pm

¿Cómo vive un escritor o escritora?, ¿qué hace cuando no escribe?, ¿a qué aspira y qué le preocupa?

Son preguntas que nos formulan con frecuencia a quienes dedicamos gran parte de nuestro tiempo a la escritura literaria, sobre todo cuando participamos en actividades públicas a las que acuden jóvenes que mitifican un poco la vida de un autor o autora a la que han leído.

Habrá respuestas como escritores puedan responder, pues cada uno es un universo, un ser distinto al otro, aunque se comparta la pasión por narrar, escribir poesías o pergeñar ensayos.

Un escritor o escritora es, sobre todo, una persona que confronta cotidianamente problemas parecidos a los que enfrentan sus semejantes. Vive, sufre, se molesta y alegra como los demás. Es uno, como tantos, en los recovecos de su sociedad, solo que es un observador más atento y contemplativo, que encuentra insumos para su creación en el entorno y en los libros, en sus pensamientos y en las expresiones de los otros.

Es un ladrón de historias, de quimeras y realidades, desde las que parte para fundar su obra. Vive del mito y de la inventiva. De ese extraordinario intangible llamado imaginación.

En algunos momentos he dicho que, aunque no lo parece, no es fácil mantenerse vivo y saludable, coexistir en la jungla de asfalto, lidiar con los problemas pequeños y grandes, enfrentando desafíos que a menudo parecen montañas y que llegan sin avisar.

Pues bien, un escritor tiene que sobreponerse a las refriegas diarias de todo tipo y conservar energías para mantener fluidos su inteligencia, sus sentidos e ilusiones al servicio de la creación; para desafiarse, tropezar y levantarse y seguir alimentando el sueño de escribir mejor, sin que se debilite por lo sucedido fuera de su propio mundo, donde realmente crece o se apaga su ardor.

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