Sombras de un héroe

por el 02/05/18 at 10:52 am

Estatua del Enriquillo, en Azua.

En la novelística dominicana mantiene su relevancia la obra “Enriquillo”, de Manuel de Jesús Galván, texto de carácter histórico que aborda, entre otros trópicos relacionados, al alzamiento del líder indígena contra el dominio español en la antigua isla La Española.

Precisamente a esa prolongada insurrección, que tuvo un costo muy oneroso para el gobierno colonial, y que inspiró a Galván a escribir una obra considerada un clásico en la literatura dominicana, se refiere el historiador español Justo del Río Moreno, en el libro “La Española y el Caribe, 1501-1559”, recientemente publicado por la Academia Dominicana de la Historia.

Tras la sedición, los españoles le declararon la guerra a Enriquillo en el 1523, y al respecto cuenta Del Río que los “costes” del enfrentamiento “recayeron sobre el consumo alimentario mayormente, vía sisas, incidiendo activamente en el aumento de la inflación de los precios”  y en un mayor empobrecimiento de los menos pudientes.

El padre Remigio fue encargado por los españoles de concertar la paz con Enriquillo, a quien había conocido en el monasterio de La Vega, donde el indígena aprendió a leer y a escribir.

Es sabido  que bajo la dirección de Alonzo Zuazo, tres cuadrillas localizaron y derrotaron al grupo insurrecto, aunque no pudieron atrapar al sagaz Enriquillo, considerado un héroe de la época.

“La dificultad radicaba, según la audiencia, en que la mayor parte de los insurrectos estaban ‘industrializados’ –aculturados- por los españoles y conocían sus tácticas y sus armas –pues utilizaban espadas y lanzas diestramente. Contando además con una mejor planificación y un más directo conocimiento del terreno que aquellos”, narra Del Río.

Además, los rebeldes disponían de reservas de alimentos y se movían en territorios en los que la superioridad numérica de los españoles o el uso de la caballería no eran fundamentales para su derrota.

Del Río refiere que los éxitos de Enriquillo motivaron a otro jefe indio, Alonso Aguayo, que se levantó contra el poder español y atacó el territorio del Cibao, La Vega, Santiago y Puerto Real, asesinando a cuatro estancieros y raptando a mujeres y niños, “extendiendo el miedo y el paralelo y consecuente despoblamiento de la ya reducida población hispana del interior de la isla”.

Terminar con la insurrección de Enriquillo no fue tarea fácil. En 1532 dos cuadrillas de españoles peinaban constantemente las faldas de Bahoruco. Entonces, los ataques de los indígenas contra los extranjeros se producían con frecuencia y les provocaba miedo a estos.

El alzamiento preocupaba mucho a las autoridades coloniales, pues se le consideraba un mal ejemplo que podía ser imitado por los esclavos negros, que conformaban la mayoría de la población.

Lo cierto es que los insurrectos se escondían en zonas escarpadas, de difícil acceso para sus persecutores, y  se alimentaban de ratones, lagartos y otros animales de la fauna local, proporcionados por el entorno, lo que les ayuda a sobrevivir.

En 1533, después  de que se libraran diversas escaramuzas, Enriquillo accedió a concertar la paz con los españoles.  En su “Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos”,   el ya fenecido historiador Carlos Larrazábal Blanco  aseguró el emperador Carlos V envió,  con Francisco Barrionuevo, que venía de gobernante de Castilla del Oro, “una carta al cacique para reducirle por esta vía a una paz definitiva”, y que este logró concertar   las paces “después de trece años de andar rebelde por las asperezas”.

El don

Juan de Castellanos, cronista de Indias, definió a Enriquillo como un “indio ladino que supo bien la lengua castellana y fue cacique principal, “harto vecino al pueblo de San Juan de la Maguana… Era gentil lector, gran escribano”.

El historiador español Esteban Mira Caballos ha escrito que la guerra de Enriquillo fue muy distinta a aquella protagonizada por los primeros indígenas que vivieron el Descubrimiento, paralizados por el terror ante unos invasores desconocidos.

Contó que Enriquillo creó todo un sistema defensivo que parecía ingeniado por un auténtico español. “Para empezar, situó su cuartel general en un lugar prácticamente inaccesible para los españoles, en pleno corazón de la región del Bahoruco. En estos apartados lugares los indios encontraron una defensa eficaz frente a unos españoles que desconocían el territorio”, puntualizó.

Así, dijo,  en una carta de Alonso de Zuazo a Carlos V se le  explicaba que como la sierra del Bahoruco era de sesenta leguas, los alzados, conocedores de aquellas  tierras, se burlaban de españoles. “Además, en estos lugares tan serranos la mejor arma ofensiva de los españoles que, como es bien sabido era el caballo, resultaba totalmente inútil, pues, como decía un documento de la época, “en la sierra no son nada”.

Mira  Caballos expresó  que Enriquillo es un auténtico héroe nacional para la República Dominicana, pero enfatizó que no se puede ocultar un elemento muy oscuro en su biografía, y es que “no sólo abandonó las armas a cambio de la concesión de un simple título de “don” sino que traicionó a los suyos en el momento en que ayudó a los hispanos a acabar con otros caciques indígenas rebeldes”.

mpereyra@diariolibre.com

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