Crueles castigos en la dictadura de Lilís

por el 27/05/18 at 3:09 pm

El dictador Ulises Hereaux (Lilís).

Son conocidas las antiguas historias sobre los inclementes castigos que aplicaban padres y maestros a los muchachos díscolos o malcriados, con los cuales buscaban dominar sus bríos.

En esas épocas pasadas no se hablaba de violencia doméstica sino de crianza severa.  Eran otras las costumbres. Tampoco existían los consejos de los psicólogos que en esta etapa posmoderna no recomiendan la aplicación de escarmientos corporales como métodos para enderezar malas conductas.

En la reconocida novela “La sangre”,  enmarcada en  la dictadura de Ulises Hereaux  (Lilís), Tulio Manuel Cesteros   retrata vívidamente cómo discurría la rutina  en el Colegio San Luis Gonzaga, uno de los más reputados de la época,  donde estuvo internado Antonio  Portacarrero, personaje esencial  de la obra.

El autor narra que mientras profesaba el maestro, los muchachos, ajenos a sus lecciones se entretenían en otras cosas, y que “labraban con un cortaplumas la madera de los bancos y pupitres, grabando en ellos palabras obscenas”. Otros pintaban monos en los cuadernos o “peleaban pajaritas de papel engomado”.

“Disputaban, reñían y cuando el escándalo invadía las aulas, don Marcelino, aireado, impecable, aparecía. El viejo desfilaba pegando, sañudo. Adivinaba los delincuentes o los denunciaba alguna venganza empapada de lágrimas. El demonio castigador, al acercarse, fingía equivocarse con el vecino, volteaba por sobre su cabeza una pita del grueso del pulgar, en dos, y cuando el muchacho regodeábase, creyéndose a salvo, recibía el formidable latigazo”.

El narrador prosigue relatando con minuciosidad: “Excusábase el Prefecto, que seguía la maniobra hasta que huía la víctima o se doblaba sollozante bajo el flagelo cruel. A veces les golpeaba en las corvas con una maceta de roble; además palmoteaba a troche y moche. Otros castigos consistían en arrodillarlos con los brazos abiertos, o con la cabeza debajo de los travesaños de bancos y sillas, o hacer en el suelo determinado número de cruces con la lengua: las frentes sudorosas manchábanse con el polvo rojizo, desollábanse las rodillas y sangraban las bocas”.

Pero había más severidad, de acuerdo, al narrador.  “Para las faltas graves existía el calabozo: covacha obscura, debajo de la escalera principal, con puerta al pasillo de ingreso y ventilada por una claraboya. A los impenitentes metíanles los pies y también las manos en un cepo, y así pasaban horas aduncos o tendidos sobre el piso duro y meado, o a ley de Bayona, que se aplicaba en cuclillas, atados a una vara por debajo de las corvas y sobre los codos”.

¡Una verdadera estampa de cómo se castigaba antaño y de las crueldades de las puniciones!

Además de los grandes valores históricos y literarios que posee, “La sangre”, considerada por algunos estudiosos como una de las mejores novelas históricas dominicanas, resalta por la florida reconstrucción de escenas de la vida cotidiana, de las costumbres y paisajes de la época. Un amplio y jugoso fresco que nos revela cómo discurría la existencia, más allá de las actuaciones de sus personajes, entre ellos del tirano.

A juicio del historiador Roberto Cassá, quien escribió el prólogo a la reciente edición de “La sangre”, auspiciada por el  Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña, dentro de la colección Clásicos Dominicanos, Cesteros perseguía “dar cuenta multiforme de una época, a través de eventos sobre los cuales ofrece descripciones pormenorizadas, que a veces son únicas para el interesado en el conocimiento de ese período histórico”.

Una respuestas to “Crueles castigos en la dictadura de Lilís”

  1. Jorge

    May 28th, 2018

    Emilia:

    Algunos estudiantes que fuimos a la escuela en la era de Trujillo y después de muerto el tirano vimos maltratos hechos por profesores a los estudiantes. Recuerdo a un profesor, Fellito, le decíamos de cariño. Este profesor manejaba las dos manos como si fueran espadas en manos de uno de los Tres Mosqueteros. Golpeaba exclusivamente la cabeza, la cara y después venía el famoso castigo de rodillas. Gracias que son tiempos superados. Ya estos abusos no son permitidos y son castigados por las leyes dominicanas. Hay otros métodos, felizmente. Yo de ninguna manera apruebo esos métodos de castigo.

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