¡Cuánto estamos cambiando!

por el 02/07/18 at 9:54 am

Acertadamente decía el filósofo griego Heráclito de Éfeso que “no nos bañamos dos veces en el mismo río”. Una expresión que retrata un hecho cierto:  la vida es dinámica y mutable y por tanto los seres humanos y las sociedades vivimos experimentando transformaciones.

Sin embargo, no siempre somos consciente de esos cambios, porque estamos sumergidos en la vorágine del día a día y no solemos reparar en que no solo nosotros variamos nuestra forma de pensar y de actuar,  pues también lo hacen las sociedades y las naciones.

En los últimos tiempos los conglomerados posmodernos están viviendo cambios dramáticos y hasta radicales en su manera de vivir, de producir, de gastar  y relacionarse.

Basta observar a la sociedad dominicana de este siglo XXI, y comparar algunos ámbitos de la vida cotidiana, para percibir cuánto están transformándose las costumbres y estilos de vidas que antaño parecían inmutables, congelados en añosas tradiciones.

Por ejemplo, las prácticas alimenticias de la sociedad dominicana están modificándose, bajo la influencia de las incesantes marejadas de informaciones procedentes de otros puntos planetarios y de las ofertas promovidas por las cadenas de comidas rápidas, dueñas del mercado capitalino y de prósperas regiones de la isla.

Por ejemplo, el “mangú”, “la bandera dominicana”, el tradicional sancocho y  el rico moro de guandules con coco   no son los platos preferidos de las últimas generaciones de dominicanos, y menos de los   millennials, cuyos paladares disfrutan las hamburguesas, las pizzas, los tacos y otros platos de procedencia norteamericana, italiana, mexicana y de otras culturas  que han ampliado la oferta  local, también enriquecida por las propuestas de  las comidas árabe, peruana, venezolana, colombiana, china, tailandesa y de otras procedencias.

Hable con cualquier joven y le dirá que prefiere cenar con un “sándwiche”, con un sushi   o con cualquier otro producto de los ofertados por los  conocidos “fast food” (negocios de comida rápida) que pululan por Santo Domingo y varias provincias. A esas hornadas no se les hace la boca agua con el plátano sancochado, la yuca encebollada y otras delicias de la comida criolla, que degustaban diariamente nuestros padres y abuelos.

La lista de los nuevos platos, sumados en las últimas décadas a la oferta gastronómica criolla, es amplísima y nos revela que como sociedad estamos aceptando y disfrutando sabores foráneos, resultado de la influencia de la globalización que va uniformizando tendencias y gustos no solo en relación a la comida, sino también a la moda, la música, el sexo, las religiones y la forma de interactuar con los demás y comunicarnos.

Ayer domingo, la comunidad de gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, transgéneros e  intersexuales   realizó  su onceava Caravana Nacional del Orgullo Santo Domingo 2018, con la cual  recorrieron  gran parte de la capital dominicana y  reclamaron  garantías  de sus derechos fundamentales. Pero expresiones similares se produjeron en diversos países latinoamericanos, mostrando una tendencia planetaria ante el fenómeno de la diversidad sexual de este tiempo.

Es decir, se están produciendo cambios sociales en todos los planos de la vida y podemos mencionar otra muestra, que atañe a nuestro país:   los desangelados quinieleros y billeteros  que promovían “los números” en los pocos atractivos “burros” de madera, en el pasado siglo XX, son sustituidos por las luminosas y encristaladas bancas de apuestas, por los modernos puntos de venta de la  loto y de otras loterías que han inundado el mercado citadino y florecen hasta en los campos.

Pero ¿y la cultura funeraria del país? Pues en este campo se está viviendo otra “revolución”. Han quedado en el pasado los velorios realizados en casas de familia, en barrios y pueblos dominicanos, para dar paso al próspero  y posmoderno negocio del  “último adiós” de las  lustrosas funerarias, donde deudos, amigos y relacionados  parecen ataviados para participar en un desfile de moda o una puesta en  escena lista para ser fotografiada y transmitida en video por Facebook, medio en boga para  dar pésames y  “likes” a las novedades de todo tipo  y divulgar  estampas  de la vida personal, que antes a nadie se le habría ocurrido publicar para que ser  exponencialmente ampliadas gracias a la difusión instantánea, a través de las omnipresentes redes sociales.

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