El “Gran Hermano” y el poderío tecnológico

por el 10/07/18 at 9:16 am

 Rápidamente, estados y corporaciones  se van dotando de las estructuras tecnológicas que les permiten tener, ampliar y mantener el control de la información sobre qué hacen, dónde están y cómo se comportan sus poblaciones.

A la cabeza de esas estrategias se encuentran naciones poderosas como China y Estados Unidos, muy bien ayudadas por compañías líderes de la era digital, como Facebook, Amazon, Alibaba y otras plataformas que acopian segundo a segundo informaciones sobre vidas, cuentas, debacles y milagros.

Con millones y millones de cámaras y líneas de códigos, China está a la cabeza en la construcción de un mando supremo, basado en el manejo de la alta tecnología.

Por ejemplo, Beijing está adoptando tecnologías como el reconocimiento facial y la inteligencia artificial para identificar y rastrear a 1,4 mil millones de personas y establecer un vasto y sofisticado sistema de vigilancia de control social, político y económico.

La estrategia da buenos resultados en materia de seguridad, para lo que sin dudas tiene gran utilidad. Por ejemplo, en la ciudad china de Zhengzhou, un policía con gafas de reconocimiento facial identificó a un contrabandista de heroína en una estación de tren.

En Qingdao, ciudad famosa por su herencia colonial alemana, las cámaras ayudaron a la Policía a arrestar a dos docenas de sospechosos criminales en medio de un gran festival anual de cerveza.

Pero hace poco, en la República Dominicana, nuestro país caribeño carente de los grandes recursos tecnológicos que se manejan en China y otros países más desarrollados, la Policía atrapó al asesino de la cajera de una joyería de la calle El Conde, porque fue reconocido en Higüey, gracias a la divulgación por las redes y medios digitales de un video del crimen, ocurrido en Santo Domingo.

Se manifiestan en la realidad las predicciones sobre el futuro híper vigilado de las sociedades contemporáneas, impactadas por los avances tecnológicos, contenidas en “1984”, la gran novela de George Orwell.

No existe hojarasca que se mueva en este mundo que no deje huella cibernética. Ni tampoco llamada ni mensaje que no se enquiste en la “nube” o en un servidor remoto, ni dato público o privado que a quien le interese, y tenga poder, no pueda conseguir sobre su enemigo u objeto de sus obsesiones.

“La aldea global”, del visionario Marshall McLuhan, se torna vez más compleja e intimidante. No tenemos idea de cuáles serán los límites del “Gran Hermano”.

En el ínterin,  sigue creciendo el supra sistema de vigilancia globalizada, alimentado incluso por despistados usuarios, que pagan servicios de internet, telefonía y otros recursos tecnológicos sin tener consciencia de que sin su consentimiento se conservan en archivos digitales cada uno de sus recorridos, decisiones y palabras.

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