Los crímenes de Galindo

por el 02/09/18 at 4:33 pm

Las hermanas Agueda, Ana y Marcela Andújar han pasado a la posteridad como las “Vírgenes de Galindo”, gracias a que sus martirios y fatales destinos fueron recreados literariamente por el escritor, lingüista e historiador César Nicolás Penson en Cosas añejas, su obra más conocida.
Por los recursos literarios manejados en el minucioso relato de los asesinatos de las hermosas muchachas podría pensarse que se basa en la ficción. Pero en realidad el narrador hizo una recreación de unos crímenes sucedidos el 29 de mayo de 1822, en los albores de la dominación haitiana, que acrecentaron el rechazo a los invasores, pues de acuerdo a la narrativa varios haitianos estuvieron involucrados en los sucesos.
Penson describe prolijamente el ambiente, las costumbres, las fisonomías y vestimentas de las víctimas y el paisaje campestre en que acaecieron los hechos, entre otros rasgos de la etapa encabezada por Jean Pierre Boyer. Además, esboza con preciosismo la belleza de Águeda, la mayor de las víctimas, hija de don Andrés Andújar, igual que sus dos hermanitas, huérfanas de madre.
Los homicidios de las mozas, en los que habrían participado haitianos, ocurrió en la estancia de Galindo, a donde vivían junto a su padre e Isabel, una esclava muda, que había preferido mantenerse con su antiguo amo, pese a que el régimen de Boyer había decretado el cese de la servidumbre.
Isabel, que pudo resguardarse, fue la única sobreviviente del ataque atroz, a cuchilladas, que acabó con la existencia de las tres muchachas asaltadas en una modesta casita de palma, situada en el corazón del bosque, rumbo a los altos de Galindo, cerca del camino próximo al río Ozama. El padre, don Andrés Andújar, también fue ultimado por los asesinos, quienes lo atacaron cuando se aproximaba a la vivienda.
En el detallado relato se insinúa que las vírgenes fueron violadas y Penson asegura que las degollaron y descuartizaron. El autor no oculta su desprecio por los haitianos, a los que llama “mañeses” y les critica sus “bailes salvajes”, sus “ranchos nauseabundos” y su “castiza brujería”.
Penson describe unas perturbadoras escenas de los crímenes y las dolorosas reacciones de la comunidad espantada por la violencia de los inesperados sucesos. El descubrimiento de los cuerpos fue “un día de juicio para la ciudad entera”.
Igualmente, el escritor evoca episodios como los degüellos de Moca, el pánico causado por la llegada de Boyer con las fuerzas de la ocupación en el 1822, el cierre de la universidad y la huida de todo el que pudo abandonar la colonia española.
La narración contribuye a reconstruir la memoria sobre la vida cotidiana de una época y de los avatares que se sufrían entonces, cuando apenas se iniciaba un periodo de dominación que se extendió durante 22 años y concluyó con la declaración de independencia nacional en el 1844.

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